Nos tenemos que ir acostumbrando a que cada vez será más difícil que existan "empresas de toda la vida" y prepararnos para cambiar nuestros modelos de negocio cuando los tiempos lo requieran, que cada vez es más pronto. Uno de los grandes cambios de los últimos tiempos es el acortamiento del ciclo de vida de los productos como consecuencia de una frenética actividad innovadora por parte de las organizaciones. Sectores como la electrónica de consumo son un claro ejemplo de ello, pero si echamos la vista a cualquier otro sector observaremos como, de un modo más o menos drástico, los productos de hace 10/15 años casi no tienen cabida en los mercados actuales.
Este cambiante gusto de los clientes por los productos (inducido, insisto, por las industrias más innovadoras) condiciona la supervivencia de las empresas en el tiempo. "O renovarse o morir", sería la frase que mejor resume esta situación. Pues bien, cualquier emprendedor de hoy en día debe asumir este hecho y construir una organización "liviana" capaz de mudar rápidamente cuando las condiciones lo requieran. Es un planteamiento totalmente diferente al del pasado: hasta no hace mucho, cualquier empresario salía al mercado después de adquirir en propiedad los terrenos, locales y maquinarias necesarias para desenvolver su actividad, lo cual suponía elevar el punto muerto de su negocio (momento en el cual los resultados cubren los costes fijos de "arrancada") y condicionaba muchas de las decisiones referidas a cambios estratégicos de la compañía.