Somos el fruto de nuestros fracasos


Uno de los peores errores que podemos cometer cuando educamos a nuestros hijos es meterles en la cabeza que "tener un fracaso" equivale a "ser un fracasado": los estamos estigmatizando. Porque cuando uno hace relaciones tan drásticas, lo único que consigue es que -a partir de ahí- muchas de sus decisiones vitales estén condicionadas por esos paradigmas. Por ejemplo, que dejen de asumir ciertos riesgos, no sea que fracasen y sean vistos por la sociedad como unos fracasados. Les apuntaré una frase que debe ayudarles a cambiar este concepto tan absurdo:

Toda acción exitosa nació de una decisión arriesgada


Y añadiré otra frase de "cosecha propia": somos el fruto de nuestros fracasos. Así lo creo porque, mientras los éxitos nos "acomodan" en aquello que nos funciona y no nos planteamos cambio alguno, cuando se produce un fracaso uno comienza a reflexionar en búsqueda de los porqués, paso previo a un cambio de rumbo que, en muchos casos, conduce a un lugar mejor que el de antes.

Esta reflexión nace de mi propia experiencia vital, aunque no creo que yo sea la única persona que haya experimentado cambios a raíz de un tropezón. Mi experiencia me demostró que a pesar de los éxitos que pudiera haber tenido en mi pasado profesional, las decisiones realmente trascendentes que cambiaron mi vida, nacieron como consecuencia de algún fracaso o alguna situación verdaderamente incómoda que me llevó a dar un puñetazo encima de la mesa y decir: "hasta aquí hemos llegado". Tuve fracasos, pero nunca me sentí "un fracasado" (ojo de nuevo al matiz).

Esas contingencias tan desagradables son las que nos llevan a hacernos preguntas del tipo:  ¿cómo me gustaría que fuera el trabajo "de mi vida"? ¿qué me gusta hacer realmente? ¿en dónde me siento realizado? Preguntas todas ellas tremendamente poderosas cuyas respuestas sirven para reorientar nuestra vida, antes de que la vida nos consuma en lugares en los que no nos gusta estar.

Si somos capaces a determinar con precisión cómo es el "trabajo de nuestra vida", aquel que nos podría hacer felices, la siguiente pregunta es: ¿en dónde está? ¿cómo accedo a él? Cuestiones que no siempre tienen una respuesta clara y, otras veces aun teniéndola, aparecen ciertos condicionantes ajenos (familia, especialmente) que nos cercenan la libertad para plantearnos cambios. Pero no está todo perdido: una buena solución puede ser la siguiente: "si ya sé cómo es el trabajo de mi vida pero no puedo acceder a él, ¡¡creémoslo!!" Emprendamos las acciones necesarias para que "si Mahoma no va a la montaña, que venga la montaña a Mahoma".

Todo lo hasta aquí comentado resulta muy simple de decir, soy consciente. Es en el momento en el que queremos llevar adelante nuestros propósitos cuando aparecen los problemas, el primero de ellos derivado de ese infranqueable muro que construyeron en nosotros con la educación inculcada: el miedo al fracaso. O mejor dicho, el miedo a que nos tengan por "fracasados".

Fíjense lo duro que resulta no ser capaces de tomar decisiones que conllevan cierto riesgo: dejamos de luchar por lo que más nos gusta (ese trabajo ideal que nos haría felices para el resto de nuestras vidas) a cambio de quedarnos anclados en otros lugares menos satisfactorios pero aparentemente muy seguros. ¿Les extraña que haya tantas personas insatisfechas con su empleo actual? ¿Les extraña que haya tanta gente asistiendo a cursos de crecimiento personal en busca de respuesta a su vida? ¿Les extraña que 5 de cada 6 personas que trabajan por cuenta ajena se estén planteando cambiar de empresa?

Y la última pregunta; ¿saben cuándo realmente lo harán? (algunos, matizo) ¡¡Cuando tengan un severo fracaso!!, es decir, cuando les despidan o cuando caigan en un burnout insoportable. Así que ya ven: muchos de los que reconducen su vida son, en el fondo, el fruto de sus fracasos, algo que no debería de llevarse como un estigma si realmente esos problemas contribuyeron decididamente a encontrar el lugar que uno busca dentro de la sociedad. Por lo tanto, dejemos de ver los fracasos como algo peor que el infierno y pensemos que cuando acontecen son una puerta abierta para plantearse hacer cosas diferentes, esas que todos llevamos tiempo soñando hacer pero nunca nos atrevimos a iniciar, por comodidad y miedo fundamentalmente.

El mensaje de hoy va especialmente dedicado a todas esas personas que se encuentran desempleadas y no saben qué hacer con sus vidas. ¿Se dan cuenta que ahora tienen la oportunidad de emprender aquello que siempre quisieron hacer? ¿Por qué están buscando volver a un sitio similar al que dejaron atrás si no les satisface plenamente? Definan sus cualidades, sus aficiones, aquello que realmente les gusta realizar y creen una vida laboral nueva en torno a ello. ¿Difícil? Si; nadie dijo que las cosas fueran fáciles. ¿Imposible? NO.  Pues recuerden esta última frase: "lo logré porque nadie me advirtió que era imposible" Con una clara definición de los objetivos, con paciencia y perseverancia, y con la ayuda de quienes siempre están ahí, todos las metas son alcanzables. Ya lo decía alguien:

"al final todo sale bien; y si no sale bien, es que no es el final"

Un cordial saludo


[Conferencia en Pontevedra; 9-10 de noviembre]

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6 comments

paco puente 6 de junio de 2012, 10:52

Muy buen artículo Juan José y muchas gracias por acordarte de todas las personas desempleadas y ayudarles con tus propuestas en su día a día.

Al final todo sale bien, que razón tienes.

Un fuerte abrazo.

JJRomero 6 de junio de 2012, 11:11

No es fácil ver una luz entre tanta oscuridad, Paco. Pero el cambio tiene que empezar por uno mismo, por aumentar su propia autoestima y por creer en sus capacidades. A partir de ahí, hay que hacer una reflexión sobre cuáles son los puntos fuertes y las cosas que a uno le gusta hacer (esta es la oportunidad que digo que aportan las crisis, reenfocar la vida), y a partir de ahí ver cómo se puede construir ese empleo ansiado.

A modo de ejemplo, estos días tuve conocimiento de una chica que practica deporte a diario (carrera) y le gustan los perros. Ahora sale a correr con los perros de los clientes (tiene 25), construyó su empresa en base a esta idea tan simple y ya acaba de contratar a nuevos "corredores" porque ella no puede atender todas las solicitudes que recibe. Un empleo nacido de un hobbie.

Mucha suerte, Paco

JJ

PortalB Business Solutions 7 de junio de 2012, 9:09

Es cuestión de actitud, de decir "aquí me planto y ahora me toca a mí", es una cuestión de sacudirse la tan hispana costumbre de esperar a ver si papá estado viene y me lo soluciona.

Motivación, ideas, acción y no rendirse. ¿Qué más hace falta? :)

¡Gran artículo!

JJRomero 7 de junio de 2012, 9:19

Muchas gracias, PortalB Business Solutions.

Para mí lo más complicado es entrenar la capacidad de resistencia frente al desánimo, porque eso es lo que hace que los fracasos sean vistos como un aprendizaje o se queden clavados en la mente y nos condicionen futuras acciones. Si realmente fuéramos capaces a verlo del primer modo, como un paso más en la búsqueda del camino correcto, perderíamos mucho miedo a intentar hacer cosas nuevas y todo los iría mejor. Yo lo comparo como aquellos laberintos en papel que hacíamos de pequeños: cuando te equivocabas de camino y veías que no había salida, volvías para atrás y probabas por otro lugar. Al final, a base de rectificar, siempre llegábamos a la meta y nadie se desanimaba por haberse equivocado en los intentos anteriores. ¡¡Cuánto aprendizaje desperdiciado!!

Un cordial saludo

JJ

Alfonso Hermida 7 de junio de 2012, 20:54

Aunque hace algún tiempo que no me "posiciono" en alguno de tus artículos, esta vez me has tocado una "fibra sensible" que debo de tener por ahí semi-oculta y que se ha despertado ...
Francamente, me considero pesimista, por lo que atención a mi punto de vista porque está mediatizado.
Cuando hablamos del fracaso, y de la sensación que le acompaña, probablemente estemos hablando del modo en como efectivamente afrontamos las diversas situaciones a las que nos enfrentamos.
No obstante, hay un factor que considero particularmente importante cuando las cosas se tuercen en demasía: El enfoque Corporativo. He tenido la fortuna de vivir ambas caras de la moneda:
- En un caso, realmente un problema o una situación adversa era tomado como una oportunidad de mejora y todo el equipo (y era realmente todo) nos movilizábamos para que, de esa situación, salir reforzados.
- Por el contrario, he vivido también el caso radicalmente opuesto, en la que un problema era utilizado fundamentalmente para estigmatizar a un determinado sector de la empresa y, de ese modo, contribuir a su desánimo y desaliento más acusado que nunca había visto hasta esa fecha.
Dicho esto, lo único que quiero resaltar es que, efectivamente, hay un componente personal importante que nos ayuda en el enfoque de la situación a afrontar, pero creo firmemente que el entorno laboral en el que te toca vivir te mediatiza de tal modo que puede llegar incluso a hacer que cambies completamente tu modo de ver la cosas.

Enhorabuena por tu blog.

Alfonso Hermida

JJRomero 7 de junio de 2012, 23:15

Gracias por tu aportación, Alfonso. El aspecto que tú mencionas no estaba contemplado en mi post, puesto que yo me enfoqué a los fracasos personales y tú abordas otra visión que también es interesante, la de los fracasos empresariales y cómo son tomados por los equipos de personas.

En el caso que menciones, creo que funciona el espíritu de supervivencia que menciona en sus conferencias Mario Alonso Puig y que se manifiesta con la búsqueda de culpables. Aunque en algunos casos los fracasos corporativos sean vistos como oportunidades, me temo que la mayoría de las veces sucede lo segundo que comentas: se ataca a algún sector de la empresa o a algún responsable en concreto.

En fin; le daré un vuelta a este asunto a ver si se me ocurre alguna derivada para hacer otro nuevo artículo.

Un fuerte abrazo

JJ

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