Qué hace un tipo como tú en una empresa como esta


Vengo dándole vueltas desde hace unos días a los miedos que atenazan a las personas y les impiden tomar decisiones "valientes", esas que podrían cambiarles la vida. En este juego de intereses necesitados empresa-empleado, quien gana es la empresa y quien pierde es el trabajador con talento, con capacidades y ganas por hacer cosas poderosas. Voy a contarles el utópico mundo empresarial que podría lograrse si las personas fueran capaces a superar esos miedos, romper la dependencia que tienen de las empresas y confiar plenamente en ellos mismos.

Una de las grandes virtudes de los tiempos que nos tocó vivir es que cualquier persona tiene a su alcance los recursos necesarios para explotar sus capacidades, y además a un coste ridículo. Estamos hablando de que cualquier profesional que se lo proponga, únicamente necesita un ordenador de quinientos euros y una buena conexión de banda ancha para ponerse por su cuenta y sacarle provecho a sus habilidades. Las redes sociales le dan la oportunidad de construir su propia marca personal y divulgarla, y herramientas como skype (por citar un ejemplo bien simple) le permiten trasladar su conocimiento al lugar del planeta desde el que se lo soliciten. ¿Hace falta algo más?

Y ahora imaginemos a ese buen profesional trabajando para terceros dentro de una empresa, en donde los límites a su desarrollo se los pone un papel llamado organigrama (que le marca hacia donde puede ir y hacia dónde hay "atasco") y un jefe que muchas veces actúa por capricho e intereses personales. Parafraseando el título de una famosa canción:

¿Qué hace un tipo como tú en una empresa como esa?

Supongamos que esas personas carecen del miedo al emprendimiento y cuentan con el coraje suficiente para dar un puñetazo encima de la mesa. Supongamos que cuentan con una alta autoestima y confían en sus capacidades. ¡¡Es lo mejor que les podría suceder!! y, por extensión, ¡¡es lo peor que le podría pasar a la empresa!! El profesional estaría ante un mundo nuevo de posibilidades, en donde el destino lo elige él y los límites también. Por contra, la empresa comenzaría a tomar conciencia que existe una gran vía de agua por la que se escapan las personas con talento, aquellas cuya valía no está suficientemente reconocida y demandan "pista libre".

Es fácil intuir como acabaría este utópico panorama que les estoy pintando, ¿verdad? Del lado de las empresas, tendrían que plantearse seriamente una revisión del contrato que mantienen con sus empleados si quieren conservar a las personas valiosas. Y no hablo del contrato formal, ese que se firma una vez y no vale para casi nada, sino al contrato "emocional"; a la relación de intereses que mantienen entre ambos, al aporte recíproco de valor: "yo te doy mi talento y tú me das desarrollo; yo te ayudo a alcanzar tus objetivos empresariales y tú me ayudas a alcanzar los míos profesionales" 

En definitiva, aumentaría considerablemente la calidad de vida en el seno de las organizaciones y eso, de rebote, tendría una repercusión en los propios resultados de la empresa: a más satisfacción del empleado, más motivación, más implicación, mayor productividad.... ¡¡ah!!, y más retención del talento.

Del lado del empleado, la sociedad podría aprovechar todas sus capacidades una vez que éste se pusiera por su cuenta y dejara de estar limitado por los caprichos de otros. La calidad de muchos servicios aumentaría considerablemente, y eso solo puede ir en provecho de los clientes y del propio profesional.

No me extiendo más; sólo me queda una duda para la que pido vuestra opinión: ¿qué podríamos hacer para que el empleado talentoso se concienciara de la importancia de apostar por sí mismo y desencadenar, así, toda esta secuencia de hechos? Ojalá encontráramos una respuesta, por el bien de ellos y de las propias empresas.

Cordialmente


Próxima conferencia en Pontevedra

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4 comments

Anónimo 7 de junio de 2012, 7:37

Interesante post Juan!

Yo apuesto firmemente por la educación desde la infancia, mis hijos saben que su mamá trabaja en casa, lo ven, me preguntan, les respondo, les digo que es una alternativa de futuro, que igual pueden elegir trabajar para una empresa, como trabajar por sí mismos y crear su marca (me lo han visto hacer a mí) y los niños aprenden de aquello que ven, son como esponjas. Por otro lado justo ayer conocí a un funcionario público (profesor de un centro de F.P.) y muy concienciado en ofrecer a sus alumnos charlas sobre la opción de emprendimiento, y me dice que se quedan todos perplejos, es obvio, hace falta un cambio de paradigma. Personas como él, implicados en ayudar a que "el cambio de chip" sea una realidad a corto, medio plazo son lo que necesita nuestra sociedad. Hay que buscar soluciones ante nuestros propios problemas, quejarse no soluciona nada.

Perdón por la extensión, pero creo que tenemos que ser pro-activos y luchar por nuestros sueños, no es fácil, hay barreras, dudas, tropiezos, pero es muy reconfortante ver que tu idea va cogiendo forma vas creando tu propia marca y que tu trabajo por cuenta ajena tiene una fecha de caducidad, porque te apasiona que tu sueño se haga realidad, trabajar para tí, en lo que te gusta hacer y sabes hacer, creo que es lo mejor que te puede pasar, trabajar en aquello que te gusta de verdad, ¡tú decides el camino a tomar en tu vida!
No lo olvidemos...

Gracias y saludos!!
Bp.

JJRomero 7 de junio de 2012, 8:27

Muchísimas gracias por tu aportación, BP. No tienes que disculparte por la extensión: este foro está para que expreséis lo que os apetezca y no hay problema en que uses el espacio que necesites.

Yo pienso lo mismo que tú; si sobreprotegemos a la gente y les hacemos ver que el entorno está lleno de peligros, luego tienen un miedo atroz a salirse de su zona de confort, de ese hábitat en el que les enseñamos a vivir. El problema surge cuando la propia vida te fuerza a salirte de ahí: ¿cómo se hace eso? se preguntan muchos. ¿Es posible hacerlo? ¡¡Pues claro que lo es!!

Es más; cuando uno lo experimente y supera esos terrores, descubre un mundo de emociones que hasta entonces eran desconocidas para él. Por ejemplo, ¿hay mayor satisfacción que saber que los límites a la vida profesional los pone uno mismo? ¿hay mayor satisfacción que ser dueño de sus decisiones en lugar de dejarlas en manos de terceras personas? ¿hay mayor satisfacción que ser dueño del tiempo? Todo esto está vetado para los empleados por cuenta ajena, y lo triste es que muchos tienen capacidades y competencias para hacer cosas por su cuenta en lugar de vender su talento por "cuatro perras" a quien no sabe apreciarlo.

Un cordial saludo

JJ

Alfonso Hermida 7 de junio de 2012, 21:02

Quizás os pueda parecer la "verdad de Perogrullo", pero cre que una de las claves está, precisamente, en el comentario que hace BP: Empezar desde la base a abrir los ojos de nuestros profesionales en potencia sobre la opción del auto-empleo.
Es algo de lo que, en un momento tan duro desde el punto de vista profesional como el que estamos viviendo, sólo algunos toman como una opción real, si bien es algo que siempre está ahí, esperando ...
Quizás podamos asistir a un boom de esta modalidad profesional en generaciones próximas pero, en la que nos ocupa, creo que, si bien hemos avanzado enormemente y nos hemos desprendido de miedos y tabúes al respecto, estamos todavía lejos de otros países.
sin duda, el camino está iniciado y toca seguir de cerca más que nunca cualquier opción profesional que exista como alternativa.

JJRomero 7 de junio de 2012, 22:58

Estoy totalmente de acuerdo con tu apreciación, Alfonso. Estas cosas solo se solucionan con un cambio de mentalidad, y eso debe hacerse en edades tempranas. A ver si poco a poco lo vamos logrando, por el bien de la sociedad y el de nuestros sucesores. Cada uno debemos poner nuestro granito de arena en la tarea en la medida de nuestras posibilidades.

Un abrazo y muchas gracias por leerme

JJ

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