Pollos contra cerdos. ¡¡Qué gran negocio!!


Se presenta un tipo delante del director de su banco para pedirle financiación para un negocio que tiene en mente. ¿En qué consiste?, le pregunta el director. "Es un juego de ordenador que consiste en lanzar pollos contra cerdos; va a funcionar muy bien. Aquí le traigo el plan de negocio", dice el joven. Y de repente se hace un silencio sepulcral mientras el director aprieta los dientes para no dejar escapar una carcajada.

Esto que les cuento es una recreación que me he inventado a modo de introducción, pero el juego mencionado sí existe y es el más descargado de la historia. Se llama Angry Birds, para quien tenga curiosidad.

Resulta que, no hace mucho tiempo, un amigo me preguntaba mi opinión sobre un negocio que tenía en mente. Recordando lo sucedido con el promotor del juego y el director del banco... ¿cómo voy a tener la osadía de decirle a alguien que tal o cual proyecto es una tontería? En Angry Birds sólo creía su promotor y el resto del planeta reía a carcajada suelta. Hoy el que ríe es el chaval y el resto del planeta (empezando por el director de la entidad) miran boquiabiertos y admirados ante un negocio que nadie imaginó que funcionaría.

La primera conclusión que debemos sacar los que nos dedicamos a la consultoría es que ninguna idea es mala en su origen, ni siquiera una que consista en lanzar pollos contra cerdos. El raciocinio y la visión de un emprendedor muchas veces entran en conflicto y, en no pocas ocasiones, vence lo segundo. Si por sentido común fuera, hoy no existirían la mitad de los negocios que un buen día imaginó su promotor, entre ellos Angry Birds. Pero el entusiasmo y el coraje de un emprendedor ponen de rodillas a la razón, como acabamos de ver. Debemos aprender a no desechar ideas a priori y comprender que los negocios se convierten en éxito o fracaso dependiendo de cuál sea el perfil profesional de la persona que los defiende. Ni más ni menos.

De todos modos, no se emocionen todavía; no saquen la conclusión precipitada de pensar que aquellas personas que creen ciegamente en una idea ya tienen la clave para triunfar. No estoy diciendo eso. Lo que estoy diciendo es que cualquier idea, sea cual sea, es evaluable y no debemos tumbarla a priori, como hizo el director del banco en la recreación que les presenté. Debemos abrir una fase posterior que tenga como objetivo ver la solidez del proyecto que se prevé generar.

Para esta segunda fase yo uso el modelo CANVAS adaptado a Pymes, pero no me extenderé en este asunto porque no es tema del artículo de hoy. Simplemente decirles que la aplicación de este método permite saber si una idea es viable técnica y económicamente y, por lo tanto, si es transformable en negocio. Todo esto antes de que el ideólogo invierta un céntimo en su implementación, que es la gran ventaja.

De lo que quería hablarles hoy es de las ideas que fracasan, o más bien, qué razones justifican ese tropiezo. Y remarco que los fracasos casi nunca provienen de la idea principal que su promotor traiga en mente (ya dije que todas las ideas son buenas), sino de fallos en su implementación, de su puesta en marcha. Fallos que, en líneas generales, responden a una de estas dos cuestiones: falta de APTITUD o falta de ACTITUD. Lo explicaré.


APTITUD

Aptitud viene de "apto", esto es, las condiciones intrínsecas a la persona que la hacen válida para un cierto desempeño. Una persona apta es aquella que tiene el conocimiento necesario para sacar adelante una tarea, entendiendo el término conocimiento en su sentido más amplio: formación técnica, habilidades de relación, competencias de gestión, etc.

Con el método CANVAS detectamos la actividades críticas de cualquier proyecto, aquellas que si se implementan de modo deficiente pueden comprometer su viabilidad futura. Una vez descubiertas, el siguiente paso es asignárselas a las personas adscritas al proyecto y verificar que cuentan con las competencias necesarias (aptitud=ser apto) para sacarlas adelante con éxito. Si no hacemos este pormenorizado análisis antes de iniciar la andadura corremos el riesgo de "descubrir" a posteriori que algunas áreas no son capaces de gestionarse eficientemente, y es aquí en donde comienza a torcerse el negocio: o se dejan de hacer ciertas actividades o se hacen mal. Si estamos hablando de actividades críticas, que aportan valor, huelga decir como acaba la cosa.

En definitiva; si usted se está planteando emprender, haga una profunda reflexión sobre su capacitación técnica y corrija aquellas carencias que detecte. Las buenas ideas (que son todas) se vienen abajo por no saber llevarlas adelante de modo excelente. ¡¡Es su responsabilidad aprender a hacerlo!!


ACTITUD

La actitud es diferente a la aptitud y tiene que ver con las emociones: el arrojo, la perseverancia, la ilusión, la confianza, el entusiasmo, la resistencia al desánimo... son buenas actitudes para sacar adelante los proyectos. Imprescindibles, diría yo. Estoy seguro que ustedes están pensando que cualquier emprendedor va sobrado de buenas actitudes cuando sueña con poner en marcha un proyecto, y están en lo cierto; el problema nunca está en el arranque, en donde hay entusiasmo hasta para regalar. El problema viene después, en la marcha.

Uno de los problemas del entusiasmo emprendedor, de la creencia firme e incondicional en la idea que se quiere llevar adelante, es que se minusvaloran los riesgos. Pero esos riesgos existen, y tarde o temprano aflorarán. Será en ese momento, cuando aparezcan los baches en el camino que no queríamos ver, cuando tendremos ante nosotros los clavos que pueden pinchar las ruedas y hacer que el vehículo se detenga, que no llegue a su destino. Y, nuevamente, no será la idea lo que falló (todas son buenas, reitero); ni la aptitud; fue la actitud lo que se vino abajo.

¿Qué podemos hacer para mantener siempre el espíritu de ánimo bien alto? Dar directrices es complicado, porque cada persona es un mundo y en cada una funcionan unas recetas particulares. Pero me permitiré la osadía de dejarles un consejo general: ¡¡no se aíslen!!

Muchos emprendedores cometen en tremendo error de encerrarse en una jaula cuando se ponen a dirigir su nueva y flamante organización; jaula que ya se ocuparon previamente de construir de modo muy confortable, con su sillón de piel, su ordenador de la manzana, su cafetera, etc. Una "calidad de vida" pensada para dirigir cómodamente toda la estructura y tener todo a mano sin necesidad de andar saliéndose de la sala de máquinas. Pero ahí cometen un error: ese aislamiento es el cáncer que mata la buena actitud, sobre todo porque en la soledad del despacho no se comparten vivencias con otros emprendedores ni se llora en su hombro, algo que siempre es necesario. Los problemas se hacen más grandes cuando quien tiene que abordarlos lo hace en soledad, cuando se carece de puntos de vista dispares y enriquecedores. Y la resistencia al desánimo aparece con una corta fecha de caducidad, echando por tierra aquel entusiasmo desbordante que manteníamos en el origen.


CONCLUSIONES

Crear un juego que consista en lanzar pollos contra cerdos fue una magnífica idea para su promotor, que es lo importante. Aquella que usted tenga ahora mismo en mente, ¡¡también lo es!! Para que se convierta en un negocio rentable hay que preocuparse de otras cuestiones más "cotidianas" que tienen que ver con su implementación: tener la capacitación necesaria para poder gestionar eficientemente todos los recursos de la futura estructura (APTITUD) y mantener el estado de ánimo óptimo para que los problemas futuros que siempre aparecen no tumben el negocio (ACTITUD).

Ahí les dejo estas dos claves y les emplazo a próximos artículos.

Cordialmente


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1 comment

Julia 10 de septiembre de 2013, 8:51

Estoy totalmente de acuerdo con esta reflexión. Lo que nunca puede hacer un emprendedor es aislarse. Tenemos que aprender y apoyarnos en aquellos que ya hicieron antes ese camino. Ánimos a todos los emprendedores.

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